domingo, 25 de diciembre de 2011

Lágrima fría

Pienso que la noche no es más que un estadío doloroso. Lo siento con los ojos perdidos en mi falda y las manos sobre la angustia. Aferrada a las cosas que ya no existen –aquellas que por tenerlas hieren con sigilo- hurgo en lo profundo buscando una respuesta. Y ante tanta curiosidad que evoco cuando te pienso, me adormezco cuajándome la sangre, sorbiéndome la vida. No es que esta niña llore por ausencia; sucede que existir a quemarropas es lo más idéntico a la muerte cuando de perder se trata. Por eso, añoro convivir en el invierno, dormir con la nieve a la intemperie, congelar mi hueco corazón desosegado. Y a pesar de todo, sobre el hielo, te extraño.

domingo, 4 de diciembre de 2011

La niña que llora


Me alejé con el aura constelada, y con el aliento polar en las mejillas les  grité a los barcos una canción de translúcido naufragio. Porque me regalabas al amanecer la música del tiempo, yo desnudaba la eternidad del cielo en una noche. Y me entregabas en el espacio oscuro de las manos, la hecatombe del mundo fallecido. Así me iba –para no volver- con el anhelo que todo lo clausura, que todo lo ocupa y todo lo llena; pero volvía para llorar las penas en el fresco agreste de la casa. Y allí, sobre los muros cotidianos y eternos que lastiman el aire, escribo. Me hago piedra, tierra, fuego para arder como luciérnaga en tus ojos desahuciados.


domingo, 13 de noviembre de 2011

Algo relativo


Me devuelves la calma
cuando llegas herido de muerte,
adorando las cosas que ya no existen.

Tus labios transparentes
me habla de psicofonías,
del hierático escudo
que causa a la boca.

Entonces………
 me deslizo
Incinerando lo abstracto
asesinando la vida,
que no es más que un simulacro
de  algo que deambula
por la casa.
~ ~



sábado, 29 de octubre de 2011

Canción de navidad sangrienta

Era domingo y amanecí tarde. A lo lejos la ciudad se contemplaba nevada, y los árboles que se erguían como inmensos rascacielos parecían burlarse de mi encierro. Asomada en la ventana, el horizonte caía sobre mí, gris y desolado. Tenía siete años  cuando sentí por primera vez la necesidad de matar: matar a sangre fría. El aislamiento en ese claustro, habitado por extraños, era indescriptible. Y cuando digo claustro me refiero al geriátrico donde me crié, rodeada de ancianos mitad locos mitad mutantes; mitad zombis mitad perversos. Así transcurrían las horas todas idénticas, aferrada a las agujas filosas del reloj. El salón se veía humildemente ornamentado para la navidad, y ellos deambulaban por los pasillos como muertos en vida en busca de algo inencontrable. La noche anterior mi espalda crujió mientras dormía y un calor sofocante quemó por mi carne desnuda. El espasmo duró unas horas y al cabo de un  tiempo desapareció como había llegado: sin avisar. Y sin permiso, mezclándome entre la decadencia, apago las luces para poder ver mejor –como los gatos- y camino hacia la cocina. La enfermera, estaba en el piso de arriba y trajo ese día al hijo menor que jugaba solo en la despensa. Pude olerlo como un animal indefenso en el monte, y yo de cacería por vez primera.  Los ojos de aquel pequeño infeliz lloraron ante la tenebrosa imagen que reflejaba mi cuerpo insignificante, en el marco de la puerta. Le hago un gesto de silencio con el dedo _¡Shsss!. Entonces, mostrando en mi mano un machete, lo obligo a meterse en un armario contiguo.  Aunque intentaba no podía y yo me desesperaba con cada segundo desperdiciado en vano. El niño era robusto para su edad y no cabía de ninguna forma posible. Cuando mis pupilas se dilataron por completo doy el primer machetazo que impacta en la cabeza para salir rodando por el suelo y bañándome con su sangre. A los segundos posteriores de la decapitación, los dedico a observar el cuerpo incompleto que aún se movía en el suelo como siervo herido.  Ahora quedaba los más jugoso. Ahora solo quedaba el disfrute de la carnicería.
Cuando la enfermera regresa, el gesto de horror  le desfiguró la cara. Pudo contemplar el regalo de navidad más hermoso de todos. Hecho especialmente para ella. El regalo que una hija daría por una madre. Y allí estaba, brillante y majestuoso. El cuerpo del niño formaba un árbol y lo recubría las luces de navidad intermitentes y multicolores. Yo, sentada con mi vestido blanco sobre la sangre, cantaba una canción inventada por mí en noches de desvelo: “…la luna es roja, la sangre es roja, la herida es roja, mi vestido es rojo. Los ojos están muertos, las manos están muertas, el corazón está muerto y tú estás muerta”.

domingo, 2 de octubre de 2011

A mis visitantes Dark:

Con  apariencia aniñada, deambulo como una vigilante sin ser descubierta. Tengo fama de dark porque visto de negro, me gustan las películas gore y vivo de noche. En el fondo soy una dulce aunque me cuesta encontrar a mi alma gemela. Soy multifacética y opinóloga; pero mi otro yo a veces me convierte en un alma vengativa.

martes, 27 de septiembre de 2011

Oscuro centro del dolor


Te extraño en el centro de mi pecho dolorido,

te extraño a puñaladas,
a mar adentro,
en los cauces de un río
taciturno
y profundo.
Extraño el retrato antiguo
de tus ojos
cuando surcas el pasado y
abandonas la vida.
Te extraño cuando incendias
el cielo a medianoche,
cuando escapas,
cuando hieres
los panteones
más siniestros
de la casa.-


jueves, 15 de septiembre de 2011

El ácido que llora le corroe el alma....



Cuando el dolor aflora y el silencio llega, es hora de rogarle al tiempo que me traiga la muerte a cuentagotas para no sentir la fugaz puñalada del espanto. Naufragando así en los mares insondables de la vida, diluvio adentro, con la inconsciencia de una niña solitaria y herida, me pierdo en las postales negras que desperdiga la noche.
El ácido que lloro me corroe el alma y desgarra en pedazos ésto, que late en el hueco sentir de mi existencia. Entonces, sin aurora y sin guarida, mendigo las espinas que sembré, en los rincones más oscuros de tu sempiterno mañana.  Y me zambullo en el agua misteriosa que seduce a los labios, y me ahogo, como a veces, me he ahogado en tu delirio. Cuando en éste bucear interminable de hallarte en lo profundo, de verte cruzar entre el oleaje rocoso del semblante, te diluyes por doquier en el acuoso devenir trastocado en el pasado.-

viernes, 12 de agosto de 2011

Como una tarde de domingo enferma

Sobrevivo  a través de un espejo herido por fantasmas, que carcomen las horas que cruzan todas idénticas.  Me paso la noche ocupando una piel ajena, sensitiva, y se alimenta de una ignorancia que es desconocida porque la distingo apenas.
No le encuentro sentido a la existencia y ese malestar ( rugiendo desde adentro) se transforma en una pesadilla en tiempo real que deambula al acecho de mi sombra.
Es la intuición, leve como un pétalo, la que permanece como un mal presagio o una tarde de domingo enferma. Cuando mis intentos frustrados de hallarte con el tacto desaparecen, los mecanismos siniestros de mi mente se activan, entonces, te atraigo como un imán doloroso hacia éste infierno de palabra huecas donde duerme el deseo. Mi deseo de tenerte aferrado a las espinas que hieren hacia adentro. Pero el día pasa y no existes. Solo vives en mis ojos que retiene el tiempo, vives porque te he aferrado al columpio antiguo que reclama al viento, vives en lo más absurdo de mi ser que me ha colapsado el aura.

domingo, 17 de julio de 2011

Las llagas...

sucio, perdido y abandonado::..
Te contemplo  con la mirada perdida y las manos muertas. Te contemplo desde el infierno que me ocupas.  Por eso, ahora quemas en el fuego supremo que has provocado. Ahora te he robado el alma que a oscuras  yace a tu lado. Con una quietud atormentada, avivo las llamas que desde tus entrañas te brotan. Tu partida ya no hiere. Mañana solo habitará el olor nauseabundo de tu muerte colapsada de cenizas. Mañana no habrá amanecer alguno que regrese a despertarte. Será la niebla y la desidia quien recoja los despojos de lo malnacido. Y allí, sobre el rescoldo del pecado, volveré a encender el fuego, para que, como el Ave Fénix, renacerte de nuevo. Sucio, perdido y abandonado, abriré las llagas que escupan fuego. Y allí adentro, en ese lecho tibio y putrefacto, dormiré para olvidar tu nombre, tu olvido y mi existencia.

jueves, 7 de julio de 2011

Autorretrato de locura

Afuera, la ciudad es un eco de voces. No te nombro pero vienes. Vienes respirando el humo que suspiro que a la vez hace de incienso, morfina o anestesia. Vienes porque temes a la noche y, yo, soy tu única guarida en las tinieblas. Llegas amarrado a tu destino que inevitablemente te traiciona y empuja hacia mi sombra. Vienes porque sí: obediente y sumiso. Te posas sobre el silencio y  lleno de estacas el dorso de tus manos que lloran sangre. La miro perderse por el resumidero de mi alma coagulada. La sigo hasta el final del camino que termina en tí porque eres el despojo de lo malvivido. Te conviertes en una figura bíblica que le da sentido a tu existencia dolorosa. Ahora te quiero resucitar en un abrazo profundo, para reencarnarme en ti, aunque duela la muerte.-

domingo, 12 de junio de 2011

Inhóspita

heridas mojadas en plena soledad
“Ella se ha perdido en una ciudad de rostros vacíos y miradas sintéticas”.
Anoche he vendido mi alma al diablo, y arrojado mi aura al fuego, jugándome las últimas fichas en éste destino equivocado. Perseguida por mil recuerdos innombrables, camino la vida por túneles sin fondo, buscándole un antídoto a la locura.
Arriba…la lluvia merodea. Sin embargo me dejo llevar por la nostalgia, o por algún fantasma que deambula con pena, amarrado a mi silencio. Mi silencio; es como el de un hacha aguardando su momento. Las calles heladas, como si fueran de peltre, me guían a sitios inhóspitos de agua inofensiva.
Yo, sicodélica y empapada, me diluyo en el desagüe que provocan mis ojos cuando te hiero.

martes, 7 de junio de 2011

Lo irreparable

....en el espejo te contemplo
La tarde se ha hundido sobre mi angustia, como terribles alfileres que hieren el hastío. Camino por calles abandonadas, dejándome arrastrar por el frío cruel que me empuja como barca a la deriva. La densa niebla que llega hasta mis labios tiene sabor a lluvia y ceniza. Lluvia que me empapa la vida  (o un simulacro que tengo de ella); y cenizas para llorar sobre los lechos del silencio.  Así se acumulan los días, todos idénticos, todos apócrifos. Cuando el reloj marca la hora prometida, la muerte espera su turno. Yo, salpicando con mi sangre tu olvido, no hago más que esperarla. Porque así soy: fumadora empedernida… de lo irreparable. Luego, a medianoche, en la imagen trastocada del espejo…..te contemplo.

jueves, 19 de mayo de 2011

Fantasma erótico

anodina total
Tengo un llanto acurrucado en la garganta que me obstruye las palabras. Degluto mi angustia con sabor amargo y mi sexto sentido, el felino, se relame de solo pensar en tu cuerpo despojado de ataduras. Ahora estás allí: deambulas por la casa como un fantasma erótico, que murió sin copular, en los rincones obsoletos de mi cuerpo. Lo presiento sin temor a equivocarme; porque soy una malsana con el alma descosida. Y te llamo con los ojos aunque no me oigas. Te haces desear con caricias inacabadas. Me desarmo en un silencio largo que me toca, y hace doler la carne.
Mientras, te beso absurdamente las manos…….. que saben a hiel.

sábado, 30 de abril de 2011

Observatorio cruel

                                                                                                        
.....soul
Tengo las sábanas almidonadas de negro y me importa poco y nada. El ahora, es un resurgir debajo de éstos lienzos y comenzar la mañana. Un sonido suave a madera crujiente, como tostadas sobre la mesa, me trae recuerdos de abuelas regalonas. O no tanto. Quizás… a leños arrojados con furia sobre las llamas.
Aún, sigo en éste pasaje trastocado entre el sueño y la vigilia. El café recién molido cobra fuerza con cada inspiración mía y el tabaco picado inunda la casa con un perfume afrodisíaco. La marihuana, obsoleta, pierde protagonismo a mi lado porque la observo con deseo irremediable.
Sorbo a sorbo van pasando los minutos, y yo, no hago más que pensar en la muerte. Si, en una muerte. No sé si será el frío pero el dolor de espina me entumece. Me estoy poniendo vieja, lo sé: me lo dicen las arrugas y el esputo sanguinolento que arrojo a medianoche.
El mantel a lunares rojos está tendido a la intemperie y lo observo con tristeza desde el ostracismo. Duele, duele verlo lamiendo su propia soledad  a merced de  la tempestad que me trajo la cadencia del invierno.

domingo, 24 de abril de 2011

Final del círculo

cosechando llagas....
La noche me hiere. Así, desencajada y todo, relamo las llagas del dolor carcomidas por el frío del estupro que me recorre como una sierpe entre los muslos.  Un aullido de guitarra  se oye por la casa sin huéspedes, dejándome las cuerdas arrancadas en ésta garganta mía, sucia y lacerada. Y el vómito, me está alimentando y proveyéndome de vitaminas para seguir en ésta cuerda floja que tengo por vida.
Cuento los segundos, como una presidiaria del Penal 14, tratando de herir a los muros del cuarto acosado de líquenes. Ahí está, el silencio rojo apilado en tristes montones, llorando de humedad en su envoltura. Me acuso y me condeno impenitente a la luz de las velas derruidas de cera… que poco alumbran. De nuevo-------- el comienzo.

domingo, 17 de abril de 2011

La leyenda de Niña Tabaco

                                         .....inframundo
                                               sin tiempo
adormecida en la música...
Se cuenta que hace muchos años, vivía una mujer adormecida en la música. Lloraba en un letargo infinito de sones y palabras, de lágrimas y llanto, de acordes y violines. Una extraña enfermedad la hacía permanecer dormida, en un tiempo y espacio trastocado, donde solo habitaba el humo del tabaco. Allí, en ese inframundo de niebla y ausencia, la hora cítrica caía oblicua. Entonces, como una gaviota agorera en la tormenta,   el quejido de un bebé se hizo eco. Entre una parafernalia de música, llanto, silencio y resurrección; la mujer despierta del sueño profundo.
Con los párpados despegados y la mirada vidriosa del mundo entreabierta, divisa la silueta malherida de la criatura que sonaba y callaba a ritmos intermitentes. Amargamente andando, sutil y volátil, la dama se incorpora para tomar al bebé en sus brazos cuando de pronto… la imagen se hizo humo. Un humo tan espeso y obscuro que penetró sus entrañas, se hizo carne y silencio, metáfora y absurdo.
Así, y al cabo de siete noches en que la luna apenas alumbraba, su cuerpo empequeñeció hasta transformarse en bebé.
Con el hambre a flor de piel y las pupilas disecadas, trascendió  la muerte y la locura para venir, de éste lado, con el alma encarnada. -

jueves, 14 de abril de 2011

Aviso de Muerte


....a falso luto,
 claveles negros sobre el rostro marchito
Se avecina una tormenta por el lado oscuro que me ocupas. He impregnado tapetes y cortinas de negro humo; pero el desinterés me despreocupa. Dejo una estela a mis espaldas y me dirijo sigilosa y volátil por la calle inhabitada. La noche me observa de reojo mientras la sombra del viejo edificio echa su cono de sombras sobre mi ausencia. Allí estás, mostrando un falso luto mientras abres tu coche. Mi cerebro es un engranaje macabro a punto de salirse de su eje. Ahora, tu face, es una mueca rojiblanca del otro lado del espejo. Está avisado: una noche de éstas le saco los ojos.

sábado, 9 de abril de 2011

Conjuro para dos


Tengo un manojo de llaves maestras dispersas por el apartamento. Tengo un dolor de espina que me sirve de anuncio macabro, a la hora de salir de cacería. Tengo sed de sangre humana y antojos de desmembramientos. Tengo ganas de incursionar en la tortura……….. con la electricidad.

Abuelos con rostros de víctima que inspiran tan solo el descarte de lo mal vivido. Yo, herida y rota, transité la pubertad como una ignota, buscando respuestas a lo incontestable.

tormenta vengadora para ancianos pecadores.........
Camino la noche y un perfume a naftalina me lleva por oscuros senderos. Olores que se perciben cercanos a medida que  llego al sitio prometido. Mi estatura pequeña, sumada a mi habilidad para volar, me permiten llegar a lugares altos y diminutos.  Vislumbro una ventana abierta tres pisos arriba. Una luz débil y una música antigua llegan como un presagio. Los clarines de guerra dibujan extrañas formas mostrando, a la vez, una belleza mediterránea sobre las paredes. Inspiro aire y doy un salto mortal hasta llegar a la cornisa. Descubro  cortinas y entro a una humilde  y casi despojada habitación. Adentro no había nadie. A lo lejos se oyen voces y pasos que se acercan, entonces, me escondo en un armario que me sirve de guarida. Luego, una puerta se abre con doloroso quejido y entran dos abuelos que se apresuran a sentarse en un triste sofá. Yo los observo desde el espacio entreabierto del armario. Uno de ellos, de unos ochenta años, está vestido con camisa a cuadros y fuma en pipa. El otro presenta una parálisis en el rostro que le da un aspecto payasesco y siniestro a la vez. Ninguno de los dos emite palabra. Minutos después el que fuma en pipa, le dice al otro: “Hoy va a ser una noche negra, terriblemente negra”. Posteriormente se pone de pié y a duras penas se cerca hasta -mi- armario. Abre la puerta, y yo, inmutable, inimputable y desprejuiciada le doy un solo puntapié que lo hace rodar por el todo cuarto hasta quedar prácticamente inconsciente. Luego, salgo de adentro quitándome los trapos que me encubren el rostro y, con motivos, me decido a liquidarlos con un conjuro imposible. No hay tiempo que perder, es hora de mostrar el daño brutal que puede hacer este pequeño cuerpo cuando está fuera de sí. El viejo, que había quedado sentado sobre el sofá, estaba petrificado. Lo miro; pero él esquiva mi mirada. _¿Acaso…sorprendido?.  Pregunto en voz baja. _Creyó que nunca encontraría este apestoso lugar; pero lo encontré. Voy a darles un final memorable a sus patéticas vidas. Les digo.

Las cortinas comenzaron a desprenderse de su sitio  por un fuerte viento que comenzó inesperadamente. Nubarrones y truenos completaron el cielo de la ciudad. Afuera refucilaba como refucilan también mis ojos cuando murmuro entre dientes una maldición gitana. La tempestad se hacía cada vez más, y más fuerte con cada palabra que emitía mi boca. Los dos ancianos, habían cambiado de rostro mil veces. Yo, estática e incólume, levanto las manos hacia arriba en un gesto adorador y el viento se roba los cuerpos por la ventana hasta hacerse un punto lejano en la tormenta.
Arriba, como fuegos de artificio,  comenzaron a llover los pedazos que alguna vez….tuvieron vida.

sábado, 2 de abril de 2011

Me ha llegado una carta misteriosa.

1:21 am.

papeles desconocidos................

Estoy fumando con la pasión con la que fuman los murciélagos de noche, mientras reviso la correspondencia. Pergaminos antiguos, sobres amarillos encajonados como si tuvieran más valor, inclusive, que un lingote de oro y restos de pétalos dispersos por aquí y por allá sin cumplir ninguna función. Me dispongo a tirar la basura cuando de pronto…un nuevo hallazgo nocturnal. Exhalo el humo vaporoso de la boca, (en el fondo tengo malas intenciones ambientales). Respiro hasta donde me lo permiten mis pulmones y desdoblo el papel. Leo en voz alta lo allí escrito: “Un abominable morbo asecha”.
Sonidos extraños se oyeron en la cocina. Apago las luces para poder ver mejor -como los gatos- y con sigilo felino me acerco a hurtadillas. No hay nadie, entonces, arrojo la colilla al suelo y me desplomo como un paquete sobre el sofá.
Me quedo respirando, sin misterios, la humedad proveniente de la ventana del fondo.

jueves, 31 de marzo de 2011

Un sátiro en mi cabeza


tengo miedo de ser yo....
Destrabo la pequeña ventana porque los vahos del tabaco me están liquidando las entrañas. Aún así, y a tientas, no dejo de encender un cigarrillo tras otro para poder contener esta ansiedad -o éste delirium tremens- que me persigue entre la niebla. Por la mañana, mientras doblaba periódicos para vender en la feria, me encuentro con un artículo que decía lo siguiente: “Asesino en serie se cobra otra víctima”. Lejos de sorprenderme por tal anuncio me puse a pensar. En este mundo hay de todo. Hasta el más indefenso de los seres puede llegar a ser víctima o victimario. Me dijeron que si masticaba hojas de payaso podía cambiar de máscaras y volverme divertida; pero tengo miedo de cometer otra locura.-

martes, 29 de marzo de 2011

Musa & Silencio


....afilando cuchillos me ví

Densa espera. Monotonía unívoca avivando el desastre. Miradas que se diluyen donde crujen los leños. Hefestos me espía entre las llamas espesando las palabras. Nada es mío, todo quema en ésta inmensidad cercana. El sabor a madera me astilla la boca. Es ciénaga el silencio devorándose ésta noche ácida y biónica. Apolo transita el pentagrama. Hay densidad de aromas. Añado sombras de quebracho donde arde la fragua.-

sábado, 26 de marzo de 2011

Infancia negra

1:29 am
mamando arrugas....
La niñez fue un período siniestro en mi vida. Momento que transformó síquica y físicamente el resto de mi existencia dolorosa.  Los muros que rodeaban el geriátrico eran impenetrables como Alcatraz. Ancianos dispersos por todo el recinto: mitad locos mitad mutantes; mitad zombis mitad perversos. Tengo vagos recuerdos de ser pasada de brazo en brazo siendo tocada, vestida o desvestida por cualquiera. Nunca olvidaré cuando desperté una noche y una anciana trataba de darme de mamar a la fuerza. Empujaba mi cabecita hacia el pezón arrugado para que succionara algo que brotaba como una espuma. Tenía que tragar, de lo contrario me dejaba caer al suelo desde lo alto. Algo de esa sustancia cambió mi morfología, sin dudas. Nunca supe a ciencia cierta porque lo hacían ni para qué. A veces… dudo que haya sido un común y silvestre geriátrico perdido en las afueras de la ciudad.-

sábado, 19 de marzo de 2011

Muerta de hambre



con un sabor crudo en las papilas...

La semana pasada me instalaron el teléfono. A lo mejor el mes próximo también compre un móvil. Últimamente, no sé porque, tengo ganas de estar comunicada. Puedo adquirir ese lujo prohibiéndome de comer, vestirme, viviendo a oscuras y dejando de alimentar gatos extranjeros que se arriman a mi morada. Menos fumar, puedo dejar hasta de respirar. Tengo guardado un montón de billetes que les sustraje a unos ancianos, cuando entré por la ventana a robar jubilaciones en un geriátrico.

ahorrando comida...

 Antenoche el hambre gritaba por mi boca, situación que me obligó a ingerir un poco de agua para calmar mi ansiedad. Más tarde el agua no fue suficiente, entonces busqué algunas migas en el suelo, con tanta mala suerte que las había barrido esa misma tarde. Revolvía cajones y bolsas en busca de algo comestible, masticable, ingerible;  pero nada…no había quedado nada…
Sentada en la cama, imaginaba platos suculentos servidos en restaurantes de lujo. Mi boca era una sola baba larga con sabor a poco. Por un momento se me ocurrió llamar al delivery; pero hacer aquello implicaba un gasto. También quise cerrar los ojos y dormir un rato; pero tuve pesadillas: soñaba que una anciana, con cara de hamburguesa, me corría por la cornisa con una mancuerna, situación que, por supuesto, derrumbó todo plan de mantenerme en ayunas.  Momentos después, cuando el silencio hacía eco en mi habitación, surge un nuevo destello sabor crudo en las papilas. Un presagio de carne fresca cortada con cuchillos de doble filo. Así, a tientas, reemplazo un corte de carne por otro, ya guardado, y que, aunque gomosa y dulce, me permite ingerir algo sólido para mantenerme en pié hasta mañana.

jueves, 17 de marzo de 2011

En una barca negra

poesía psicológica que ruge desde dentro…





¿Adónde va la noche
degollando las sombras?

¿En qué rostro tupido
asoma su cara?.

Tengo desiertos los ojos
de mirar la nada.

Ahí, en un sepulcro
de cobre y arena,
inédito descanso
 atormentado.

Allí, serenas palabras
sobre el agua.

Acá, orfandad
perenne,
de la noche ciega,
que me abraza.

¿En qué barca negra
me traerá la luna
cuando muera?.




jueves, 10 de marzo de 2011

arrancacorazones

Estoy buceando la oscuridad en busca de palabras; pero mi alma es una incógnita. Con la ciudad blancanegra tras de mí, camino la noche sin que nadie lo percate. Estoy dispuesta a todo por amor. Pobre de aquel que mire mi cara, y no mire mi alma. Hay bares solitarios en callejones olvidados, hay museos abiertos a deshora, hay clubes con luces sicodélicas; pero prefiero un transeúnte solitario. La calle húmeda y vaporosa refleja las sobras de lo mal vivido. Estoy alerta: mi reloj interior me dice que es medianoche….
Me mimetizo con el muro, como mariposa a punto de consumirse aplastada a la intemperie…y espero con mis manos abiertas de par en par. Contengo la respiración mientras presagio el sabor rojizo diluirse entre mis dedos. Un perfume barato llega como un anuncio y se deposita en mis amargos labios de miel. Una figura gigantesca se aparece y me descubre en la pared. Yo lo miro hipnotizada y me abalanzo contra su pecho. Descoso con mis uñas la piel y, sin más preámbulos, me llevo lo más preciado.

domingo, 27 de febrero de 2011

Gato viejo


Apareció allí, mirándome...

Los hogares de ancianos son recintos lúgubres, sin lugar a dudas ni discusión. Ahora…¿qué es lo me lleva a tal afirmación?. ¿Qué es lo que me lleva a no cambiar de opinión?. Viví en uno de ellos hasta los doce años rodeada de viejos y viejas decrépitas, que me vestían como ellos, me alimentaban a papilla, como ellos (por eso no he desarrollado bien mis dientes),  y me tenían sentada, sin moverme, gran parte del día. Algunos ancianos tenían como mascotas un gato; pero solo uno era negro.  Mi habitación estaba pintada de una blancura inmaculada y mi ropa negra. Si, negra como el gato. Una noche, mientras dormía, la puerta se abrió con doloroso quejido. Pude oírla porque siempre estoy alerta, hasta para dormir. El pasillo, como siempre, a media luz apagado y mi mano no alcanzaba el velador. Afuera, llovía sin parar. Es decir, que la fantasía de saltar por la ventana, como en un thriller, se hacía difícil; porque estaba trabada por el lado de fuera. De repente se hizo un silencio largo. Un parpadeo mío y apareció allí, mirándome fijamente en la penumbra, recorriendo con sus sucias manos mis glúteos atemorizados. Otro parpadeo más y despierto, fría y sudorosa como alma en pena que encuentra el alba. Fue una pesadilla espantosa. Lo raro era que estaba desnuda, completamente despojada. Vuelvo a ponerme el camisón y me deslizo, como una acróbata terrestre, hasta la puerta. La abro. Me asomo. Salgo al pasillo y observo hacia ambas direcciones. Posteriormente vuelvo sobre mis pasos y cierro la quejosa puerta tras de mí. Un refucilo ilumina adrede la habitación, y, me muestra, lo que habitaba encima de mi cama.  Mi corazón parecía salírseme por los ojos, y sentía ganas de orinar el suelo. Una forma, mitad humana mitad felino, se relamía entre las sábanas ensangrentadas, y, en mis piernas, lloraba la roja humedad… del estupro.-

viernes, 25 de febrero de 2011

Alambres de púas sobre mi falda sedienta...


Sintiendo un dolor de espina


Anoche, mientras cruzaba a media luz una calle poco céntrica, casi me aplasta un taxi por distraída. El muy idiota que manejaba el coche, baja el vidrio, me escupe verde en el rostro y lanza una monedas de poco valor sobre el asfalto.  _Tomá infeliz, para que te compres pañuelitos descartables. Me dice.
Con una velocidad inusitada, acelera dejándome tapada en negro humo y humillada en la vía pública. Así, con los ojos inyectados en odio líquido, logro memorizar la numeración y regreso con pena, y sin gloria, al apartamento que cobija este cuerpo de las cuatro tempestades.
Mientras fumo hierba, y, con poema es mano, recito en voz alta palabras que escupen mis labios…
Se avecina la noche mordiendo

Noctámbula

El ápice de las horas.
Es un alud de muerte
Que me derrumba el sueño.
Se aproxima por la rambla
De mi cama sola,
Ocupada por mí,
Absolutamente sola.
Es un cenotafio destendido
Orillándome la vida.
Arcaica.
Oscilante y frecuente noche.
Estoy tan entusiasta, que derramo café y lunares al techo. Nada es tan importante como arrojar los lunares y ser feliz. De pronto, cruzan por mi cerebro las imágenes del sujeto que manejaba el coche. Será un tipo de unos cincuenta años, algo canoso y de bigote. Mi intuición me dice que es un bribón y un degenerado. Tomo el teléfono, exhalo humo multicolor, y marco un número. _Buenas noches. Quiero que me envíe un móvil. Calle Los pinos 9400. Ah…pero que sea el taxi 358. Corto. Transcurren cinco minutos y oigo la bocina. Bajo las escaleras en penumbras con un atado en las manos. Subo al auto. _Siga derecho. Digo con voz fría. Lo miro; pero él esquiva mi oscura mirada. Segundos después, sus ojos se vuelven acuáticos, llorosos, mojados…
Percata que llevo en mi falda algo más que un triste vestido. Llevo una rueda de alambres de púas. Púas afiladas delicadamente por mí, en las noches de desvelo. Se oye un silencio sepulcral, un olor mustio de cuerina y azotea. Arrojo las monedas sobre el asiento y bajo del auto. Dejo olvidada su cabeza en un zanjón; pero me traigo los alambres que con tanto esmero logré afilar.

domingo, 20 de febrero de 2011

Amor con sal

      Hace más de diez días que me revuelvo como animal herido; porque de mí no sé nada. Me paso la noche en vela y el despojo me aguarda en el piso de abajo. Tengo antojo de hacer amigos vía chat, fono, carta postal, telégrafo o señales de humo…aunque más no sea. Estoy impaciente, no sé qué diablos hacer con la comida de la mañana. Supongo que la arrojaré a los perros hambrientos a escondidas de los indiscretos vecinos, que me miran como una extraterrestre desde el ostracismo. El pasado jueves me llegó una nota de intimación por una deuda sin pagar del apartamento, por eso, salí huyendo al alba, como una ladrona, con mis pocas hilachas hacia otra madriguera que me cobije del frío. Quiero saber que hacer a partir de hoy que lo he perdido todo…hasta la dignidad. Nadie sabe a ciencia cierta quién soy, de donde vengo ni a donde voy. Tan solo puedo decirles que me debato entre el ser y la nada por un poco de amor con sal o un puñado de arroz que alimente mi existencia con aliento de otra vida. ¿Si soy de carne y hueso, de hueso y carne? Sí, lo soy; pero…. ¿a quién le importa semejante detalle?
Hay dos razones fundamentales por las que me llaman Niña Tabaco:
1)    Porque mi aspecto físico tiene apariencia de niña (valga la redundancia).
2)    Porque fumo desde la concepción.

Yo, ¿la más perra?

Me dejaron tirada en un tacho con basura y me crié en un hogar de ancianos. En este momento no voy a contar con lujo de detalles esos años negros de vestimenta, quizá…en algún momento, tal vez, afile la lengua y largue el rollo. Tengo instinto asesino y me duele la espina cuando pasa un tiempo y no hay “acción ni reacción”. Otras veces tengo miedo a ser descubierta haciendo mis picardías, como esos duendes lujuriosos en un jardín de invierno.  
Llevo conmigo un listado de números telefónicos de distintos geriátricos de la periferia. Estoy pensando seriamente en visitar algún abuelito…