viernes, 25 de febrero de 2011

Alambres de púas sobre mi falda sedienta...


Sintiendo un dolor de espina


Anoche, mientras cruzaba a media luz una calle poco céntrica, casi me aplasta un taxi por distraída. El muy idiota que manejaba el coche, baja el vidrio, me escupe verde en el rostro y lanza una monedas de poco valor sobre el asfalto.  _Tomá infeliz, para que te compres pañuelitos descartables. Me dice.
Con una velocidad inusitada, acelera dejándome tapada en negro humo y humillada en la vía pública. Así, con los ojos inyectados en odio líquido, logro memorizar la numeración y regreso con pena, y sin gloria, al apartamento que cobija este cuerpo de las cuatro tempestades.
Mientras fumo hierba, y, con poema es mano, recito en voz alta palabras que escupen mis labios…
Se avecina la noche mordiendo

Noctámbula

El ápice de las horas.
Es un alud de muerte
Que me derrumba el sueño.
Se aproxima por la rambla
De mi cama sola,
Ocupada por mí,
Absolutamente sola.
Es un cenotafio destendido
Orillándome la vida.
Arcaica.
Oscilante y frecuente noche.
Estoy tan entusiasta, que derramo café y lunares al techo. Nada es tan importante como arrojar los lunares y ser feliz. De pronto, cruzan por mi cerebro las imágenes del sujeto que manejaba el coche. Será un tipo de unos cincuenta años, algo canoso y de bigote. Mi intuición me dice que es un bribón y un degenerado. Tomo el teléfono, exhalo humo multicolor, y marco un número. _Buenas noches. Quiero que me envíe un móvil. Calle Los pinos 9400. Ah…pero que sea el taxi 358. Corto. Transcurren cinco minutos y oigo la bocina. Bajo las escaleras en penumbras con un atado en las manos. Subo al auto. _Siga derecho. Digo con voz fría. Lo miro; pero él esquiva mi oscura mirada. Segundos después, sus ojos se vuelven acuáticos, llorosos, mojados…
Percata que llevo en mi falda algo más que un triste vestido. Llevo una rueda de alambres de púas. Púas afiladas delicadamente por mí, en las noches de desvelo. Se oye un silencio sepulcral, un olor mustio de cuerina y azotea. Arrojo las monedas sobre el asiento y bajo del auto. Dejo olvidada su cabeza en un zanjón; pero me traigo los alambres que con tanto esmero logré afilar.

2 comentarios:

María Paula dijo...

qué bárbaro, qué maravilla, es lo más de lo más.

contigo me voy quedando sin adjetivos, mi niña veneno, y contigo recuerdo ahora a Octavio Paz: "tu falda de cristal, tu falda de agua..."

[cómo no quererte eternamente...]

Niña Tabaco dijo...

María, que divina sos con tu post!!. Gracias y mil gracias sobre mi falda sedienta....

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