jueves, 31 de marzo de 2011

Un sátiro en mi cabeza


tengo miedo de ser yo....
Destrabo la pequeña ventana porque los vahos del tabaco me están liquidando las entrañas. Aún así, y a tientas, no dejo de encender un cigarrillo tras otro para poder contener esta ansiedad -o éste delirium tremens- que me persigue entre la niebla. Por la mañana, mientras doblaba periódicos para vender en la feria, me encuentro con un artículo que decía lo siguiente: “Asesino en serie se cobra otra víctima”. Lejos de sorprenderme por tal anuncio me puse a pensar. En este mundo hay de todo. Hasta el más indefenso de los seres puede llegar a ser víctima o victimario. Me dijeron que si masticaba hojas de payaso podía cambiar de máscaras y volverme divertida; pero tengo miedo de cometer otra locura.-

martes, 29 de marzo de 2011

Musa & Silencio


....afilando cuchillos me ví

Densa espera. Monotonía unívoca avivando el desastre. Miradas que se diluyen donde crujen los leños. Hefestos me espía entre las llamas espesando las palabras. Nada es mío, todo quema en ésta inmensidad cercana. El sabor a madera me astilla la boca. Es ciénaga el silencio devorándose ésta noche ácida y biónica. Apolo transita el pentagrama. Hay densidad de aromas. Añado sombras de quebracho donde arde la fragua.-

sábado, 26 de marzo de 2011

Infancia negra

1:29 am
mamando arrugas....
La niñez fue un período siniestro en mi vida. Momento que transformó síquica y físicamente el resto de mi existencia dolorosa.  Los muros que rodeaban el geriátrico eran impenetrables como Alcatraz. Ancianos dispersos por todo el recinto: mitad locos mitad mutantes; mitad zombis mitad perversos. Tengo vagos recuerdos de ser pasada de brazo en brazo siendo tocada, vestida o desvestida por cualquiera. Nunca olvidaré cuando desperté una noche y una anciana trataba de darme de mamar a la fuerza. Empujaba mi cabecita hacia el pezón arrugado para que succionara algo que brotaba como una espuma. Tenía que tragar, de lo contrario me dejaba caer al suelo desde lo alto. Algo de esa sustancia cambió mi morfología, sin dudas. Nunca supe a ciencia cierta porque lo hacían ni para qué. A veces… dudo que haya sido un común y silvestre geriátrico perdido en las afueras de la ciudad.-

sábado, 19 de marzo de 2011

Muerta de hambre



con un sabor crudo en las papilas...

La semana pasada me instalaron el teléfono. A lo mejor el mes próximo también compre un móvil. Últimamente, no sé porque, tengo ganas de estar comunicada. Puedo adquirir ese lujo prohibiéndome de comer, vestirme, viviendo a oscuras y dejando de alimentar gatos extranjeros que se arriman a mi morada. Menos fumar, puedo dejar hasta de respirar. Tengo guardado un montón de billetes que les sustraje a unos ancianos, cuando entré por la ventana a robar jubilaciones en un geriátrico.

ahorrando comida...

 Antenoche el hambre gritaba por mi boca, situación que me obligó a ingerir un poco de agua para calmar mi ansiedad. Más tarde el agua no fue suficiente, entonces busqué algunas migas en el suelo, con tanta mala suerte que las había barrido esa misma tarde. Revolvía cajones y bolsas en busca de algo comestible, masticable, ingerible;  pero nada…no había quedado nada…
Sentada en la cama, imaginaba platos suculentos servidos en restaurantes de lujo. Mi boca era una sola baba larga con sabor a poco. Por un momento se me ocurrió llamar al delivery; pero hacer aquello implicaba un gasto. También quise cerrar los ojos y dormir un rato; pero tuve pesadillas: soñaba que una anciana, con cara de hamburguesa, me corría por la cornisa con una mancuerna, situación que, por supuesto, derrumbó todo plan de mantenerme en ayunas.  Momentos después, cuando el silencio hacía eco en mi habitación, surge un nuevo destello sabor crudo en las papilas. Un presagio de carne fresca cortada con cuchillos de doble filo. Así, a tientas, reemplazo un corte de carne por otro, ya guardado, y que, aunque gomosa y dulce, me permite ingerir algo sólido para mantenerme en pié hasta mañana.

jueves, 17 de marzo de 2011

En una barca negra

poesía psicológica que ruge desde dentro…





¿Adónde va la noche
degollando las sombras?

¿En qué rostro tupido
asoma su cara?.

Tengo desiertos los ojos
de mirar la nada.

Ahí, en un sepulcro
de cobre y arena,
inédito descanso
 atormentado.

Allí, serenas palabras
sobre el agua.

Acá, orfandad
perenne,
de la noche ciega,
que me abraza.

¿En qué barca negra
me traerá la luna
cuando muera?.




jueves, 10 de marzo de 2011

arrancacorazones

Estoy buceando la oscuridad en busca de palabras; pero mi alma es una incógnita. Con la ciudad blancanegra tras de mí, camino la noche sin que nadie lo percate. Estoy dispuesta a todo por amor. Pobre de aquel que mire mi cara, y no mire mi alma. Hay bares solitarios en callejones olvidados, hay museos abiertos a deshora, hay clubes con luces sicodélicas; pero prefiero un transeúnte solitario. La calle húmeda y vaporosa refleja las sobras de lo mal vivido. Estoy alerta: mi reloj interior me dice que es medianoche….
Me mimetizo con el muro, como mariposa a punto de consumirse aplastada a la intemperie…y espero con mis manos abiertas de par en par. Contengo la respiración mientras presagio el sabor rojizo diluirse entre mis dedos. Un perfume barato llega como un anuncio y se deposita en mis amargos labios de miel. Una figura gigantesca se aparece y me descubre en la pared. Yo lo miro hipnotizada y me abalanzo contra su pecho. Descoso con mis uñas la piel y, sin más preámbulos, me llevo lo más preciado.