sábado, 19 de marzo de 2011

Muerta de hambre



con un sabor crudo en las papilas...

La semana pasada me instalaron el teléfono. A lo mejor el mes próximo también compre un móvil. Últimamente, no sé porque, tengo ganas de estar comunicada. Puedo adquirir ese lujo prohibiéndome de comer, vestirme, viviendo a oscuras y dejando de alimentar gatos extranjeros que se arriman a mi morada. Menos fumar, puedo dejar hasta de respirar. Tengo guardado un montón de billetes que les sustraje a unos ancianos, cuando entré por la ventana a robar jubilaciones en un geriátrico.

ahorrando comida...

 Antenoche el hambre gritaba por mi boca, situación que me obligó a ingerir un poco de agua para calmar mi ansiedad. Más tarde el agua no fue suficiente, entonces busqué algunas migas en el suelo, con tanta mala suerte que las había barrido esa misma tarde. Revolvía cajones y bolsas en busca de algo comestible, masticable, ingerible;  pero nada…no había quedado nada…
Sentada en la cama, imaginaba platos suculentos servidos en restaurantes de lujo. Mi boca era una sola baba larga con sabor a poco. Por un momento se me ocurrió llamar al delivery; pero hacer aquello implicaba un gasto. También quise cerrar los ojos y dormir un rato; pero tuve pesadillas: soñaba que una anciana, con cara de hamburguesa, me corría por la cornisa con una mancuerna, situación que, por supuesto, derrumbó todo plan de mantenerme en ayunas.  Momentos después, cuando el silencio hacía eco en mi habitación, surge un nuevo destello sabor crudo en las papilas. Un presagio de carne fresca cortada con cuchillos de doble filo. Así, a tientas, reemplazo un corte de carne por otro, ya guardado, y que, aunque gomosa y dulce, me permite ingerir algo sólido para mantenerme en pié hasta mañana.

2 comentarios:

Luz Efímera dijo...

Hola, me gustó mucho esto. Escribes muy bien. :)

Niña Tabaco dijo...

Muchas gracias Luz:::::::::....

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