viernes, 12 de agosto de 2011

Como una tarde de domingo enferma

Sobrevivo  a través de un espejo herido por fantasmas, que carcomen las horas que cruzan todas idénticas.  Me paso la noche ocupando una piel ajena, sensitiva, y se alimenta de una ignorancia que es desconocida porque la distingo apenas.
No le encuentro sentido a la existencia y ese malestar ( rugiendo desde adentro) se transforma en una pesadilla en tiempo real que deambula al acecho de mi sombra.
Es la intuición, leve como un pétalo, la que permanece como un mal presagio o una tarde de domingo enferma. Cuando mis intentos frustrados de hallarte con el tacto desaparecen, los mecanismos siniestros de mi mente se activan, entonces, te atraigo como un imán doloroso hacia éste infierno de palabra huecas donde duerme el deseo. Mi deseo de tenerte aferrado a las espinas que hieren hacia adentro. Pero el día pasa y no existes. Solo vives en mis ojos que retiene el tiempo, vives porque te he aferrado al columpio antiguo que reclama al viento, vives en lo más absurdo de mi ser que me ha colapsado el aura.