domingo, 25 de diciembre de 2011

Lágrima fría

Pienso que la noche no es más que un estadío doloroso. Lo siento con los ojos perdidos en mi falda y las manos sobre la angustia. Aferrada a las cosas que ya no existen –aquellas que por tenerlas hieren con sigilo- hurgo en lo profundo buscando una respuesta. Y ante tanta curiosidad que evoco cuando te pienso, me adormezco cuajándome la sangre, sorbiéndome la vida. No es que esta niña llore por ausencia; sucede que existir a quemarropas es lo más idéntico a la muerte cuando de perder se trata. Por eso, añoro convivir en el invierno, dormir con la nieve a la intemperie, congelar mi hueco corazón desosegado. Y a pesar de todo, sobre el hielo, te extraño.

domingo, 4 de diciembre de 2011

La niña que llora


Me alejé con el aura constelada, y con el aliento polar en las mejillas les  grité a los barcos una canción de translúcido naufragio. Porque me regalabas al amanecer la música del tiempo, yo desnudaba la eternidad del cielo en una noche. Y me entregabas en el espacio oscuro de las manos, la hecatombe del mundo fallecido. Así me iba –para no volver- con el anhelo que todo lo clausura, que todo lo ocupa y todo lo llena; pero volvía para llorar las penas en el fresco agreste de la casa. Y allí, sobre los muros cotidianos y eternos que lastiman el aire, escribo. Me hago piedra, tierra, fuego para arder como luciérnaga en tus ojos desahuciados.