lunes, 13 de octubre de 2014

Agosto 13.

Los días son goteras abiertas como heridas, cuya sangre fluye a borbotones. La respiración se acelera y el corazón se vuelve frágil.  Escribo con ritmo de latido fúnebre, a deshora, con manos que parecen aves sobre la máquina de hacer palabras, en hoja de papel amorfo con una lágrima de cristal roto. Tengo una mueca que no habla desencajada en la garganta. Un paisaje acuoso a través de la mirada dibuja la lluvia, y un camino de barro me lleva a sitios que ni yo conozco. Hay un puente entre dos mundos que no existe, una cama rota, una lámpara, un aullido de dolor en los sueños, una vida que quiero retener en el tiempo. Hay fotografías sobre la mesa, un pañuelo azul, un sollozo destrozado en el pecho salpicado de rojo.